LA MUERTE NO ES LA OTRA CARA DE LA MONEDA
¿Qué es,
entonces, según la mística?
Es,
básicamente una transición del alma, entre el estar encarnada y el abandono del
cuerpo físico, y la personalidad, para continuar existiendo en una
dimensionalidad superior… "Siempre
existirá la muerte para aquellos que no comprenden que el observador es lo
observado, que el experimentador es lo experimentado"...
J. Krishnamurti
No hay sino una sola Vida siendo vivida, ahora mismo,
en todo el Universo… El “aquí y ahora”
viene a ser la percepción extraordinaria de ese instante eterno que es la Vida,
dentro del cual el pasado y el futuro son, tan sólo, capas de realidad dentro
de un presente expandido. Las
diferencias en cuanto a la noción de eso que denominamos “la realidad”, pueden
ser atribuidas a las restricciones en la percepción del ente (de cada ente) y
al subdesarrollo de su conciencia… La
muerte NO es la otra cara de la vida, puesto que la Vida es Una sola: LA MUERTE
ES TAN SÓLO UNA TRANSICIÓN ENTRE DOS ESTADOS EXISTENCIALES DEL ALMA QUE BUSCA
APRENDER LAS LECCIONES DE LA SABIDURÍA A TRAVÉS DE LOS MUNDOS: podría ser el canto de la moneda, pero jamás
su otra cara…

El gráfico anterior muestra la estructura interna del
Ser humano, según la Teosofía, en el cual puede apreciarse que sólo la parte
más densa del ser humano (física y energética: el cuerpo y la personalidad) se
manifiesta en el mundo físico tridimensional.
Es la Esencia humana o alma la que retorna o reencarna, según el caso.
Todo es una vibración y, dentro de esa vibración
existen frecuencias fundamentales, cuya longitud de onda determina lo que
podríamos llamar la dimensionalidad o la “densidad” de nuestra realidad. Lo Real es otra cosa.
LO REAL es la Verdad a que aludió Jesús, como
condición para podernos liberar.
¿liberarnos de
qué?... Cuando alcanzamos eso que es Lo real, superamos la herejía de la
separatidad y cesa la muerte como incertidumbre: por eso es absolutamente
indispensable renunciar a toda posesión.
Podemos utilizarlo todo con Amor sin poseer nada, sin tener apegos. No nos identifiquemos con la personalidad,
ni con el cuerpo, ni con la mente, ni con los pensamientos: digámonos a
nosotros mismos, internamente, que somos almas en disposición de todas esas herramientas (el cuerpo, la
personalidad, etc.) para experimentar este mundo y aprender a trascenderlo, que
somos una manifestación del Dios Viviente… una vez hayamos comprendido que tan
sólo somos almas metidas en un cuerpo y aprendiendo de él y del mundo, es
necesario que tratemos de vivenciar la Conciencia de Totalidad, de Unidad…
Tenemos que reducir el ego a su mínima expresión: esa que nos permite mantener
una identidad como personas evolucionantes en este mundo, pues el ego, en cuanto multiplicidad
psicológica, personifica cada defecto robándole energía a la conciencia…
Nuestro Real Ser Interior Profundo es ETERNO como la Creación, Es el Punto de CONCIENCIA, la Partícula Divinal que
nos conecta, desde lo más profundo del Ser con la Hiperconciencia de la
Creación. Si se nos muere un hijo y
hemos comprendido algo sobre la muerte, pues lo lamentamos, pero no podemos
entregarnos a todo un proceso de sufrimiento masoquista que a nada conduce y
nos impide vivir… Eso que representa lo
que las religiones dogmáticas refieren como Cristo, místicamente no es otra
cosa que la Conciencia y la substancia de la VIDA UNA, más allá de las
infinitas formas de esa misma Vida, desde los átomos como trío de Materia,
Energía y Conciencia que son, pasando por las bacterias, hasta las formas humanas,
como seres ascendentes… SILENCIEMOS LA
MENTE Y TRATEMOS DE VIVENCIAR LA TOTALIDAD desde la conciencia, esa es la
esencia de la meditación. Hay dos
conciencias: la del ente, que es evolutiva y puede tornarse involutiva si no
progresamos espiritualmente, y la del Ser, la del Atman, que referimos antes
como Punto de Conciencia (llamada Mi Padre por Jesús): esa Conciencia superior
puede ser accedida por nosotros desde el silencio de la mente, desde la no
mente, y cuando logremos conectarnos, aunque sea por un instante con dicha
fuente de Luz, comenzará a cambiar nuestra perspectiva con respecto a la
verdadera función que desempeñamos en este mundo. A continuación, un reenfoque pedagógico de lo
dicho:
En cuanto almas, desde el punto
de vista espiritual, la muerte es una transición entre dos fases de la existencia
individual, teniendo en cuenta que no hay sino una sola Vida siendo vivida en
el aquí y ahora de la eternidad, gracias a una Hiperconciencia que trasciende
todas las infinitas formas de esa vida en el universo, Hiperconciencia que representa la sumatoria de todos los
infinitos puntos de conciencia que animan esas formas de vida desde lo más
profundo del Ser, partiendo de los microorganismos hasta el hombre,
Hiperconciencia denominada el Cristo Cósmico en el misticismo Esenio y
Gnóstico.
Para
algunos místicos que han recurrido a figuras comparativas a fin de explicar la
muerte física, el alma, dentro del proceso existencial, experimenta y aprende
de este mundo, que funciona dentro de una dimensionalidad específica, como si
el cuerpo y la personalidad fuesen una especie de guante, algo muy especial
que, comparando el alma o la esencia humana con un mano, utilizaría esos medios
o vehículos que hemos comparado con un guante
para experimentar el mundo, palpándolo, formándose una idea de todo, aprendiendo,
desarrollando la conciencia, etc.
Viéndolo
alegóricamente de esta manera, la muerte significaría, simplemente, que la mano
(el alma) se saca el guante, llevándose el sujeto de la mano, que en este caso
representaría lo que los filósofos denominan el verdadero Ser y los místicos El
Padre, la experiencia de haber experimentado el mundo y aprendido de él. El problema radica en que nosotros, como
almas, nos hemos identificado de tal manera con ese guante, que en nuestro ejemplo representan el cuerpo físico y la
personalidad, que mentalmente nos hemos confundido con él, sin haber
desarrollado conciencia en el sentido de que SOMOS UN ALMA ENCARNADA QUE
EXPERIMENTA EL MUNDO Y APRENDE EN ÉL Y DE ÉL A TRAVÉS DE ESOS VEHÍCULOS, como
son el cuerpo y la personalidad, poseyendo, esta última, un nombre en cada
caso: nuestro propio nombre. Otro
problema asociado es el del pensamiento.
El
pensamiento es, simplemente, la manera como la mente, que es algo así como un
coprocesador de la conciencia evolutiva del alma, prácticamente una vulgar
computadora personal, procesa la información que entra por los cinco sentidos
normales. Ese coprocesamiento es
indispensable para que, como almas, podamos aprender en el mundo y del mundo…
pero también nos hemos identificado de tal manera con el pensamiento y su
correlato, la mente, que normalmente la confundimos con la CONCIENCIA; así que
debemos tener claro que la mente no es la conciencia, como tenemos claro que la
realidad no es el pensamiento. Ahora
bien, ¿qué es la conciencia? Afirman los
místicos que hay dos conciencias: la conciencia evolutiva del alma, que es el
verdadero perceptor, y la
Conciencia del Ser, que no es evolutiva, pero se enriquece
con nuestra experiencia, transformándola en Sabiduría… pero definir la conciencia no es fácil,
porque la conciencia no posee referentes: sólo podemos insistir en que es el
verdadero perceptor. La Psicología oficial
establece que el consciente es el mismo estado de vigilia, en el cual un sujeto
sabe que está despierto y se relaciona normalmente con el entorno objetivo… dentro de este esquema, cuando
alguien se desmaya o “pierde el conocimiento”, se dice que perdió la
conciencia, pero esa “conciencia”, que debería escribirse “consciencia”, no es
la conciencia evolutiva que hemos tratado de describir aquí.
Lo REAL es
otra cosa: lo Real es la verdad, “eso que es” según san Agustín, y llegar a
conocerlo, a comprenderlo, es tan importante que Jesús sostuvo que sólo eso nos
liberaría, porque – efectivamente – nos libera de lo que representa el mundo de
las apariencias (“maya” en Sánscrito) y por lo tanto, de lo que Erich Fromm
denominaba la herejía de la separatidad, hasta conducirnos a la Totalidad. Ahora bien, ¿cómo encontrar
Lo Real? Afirma el Budismo Zen que sólo
MEDITANDO, aprendiendo a silenciar la mente para habitar la conciencia, pues
sólo desde la conciencia podremos experimentar Lo REAL. La realidad parece muy consistente, pero cuando
penetramos en ella utilizando el bisturí de la conciencia, nos damos cuenta de
que no es lo que “pensamos”. Daremos,
como ejemplo, el significado de un billete de cien dólares: en cuanto realidad
representa un valor que podemos canjear por cosas o servicios, pero desde el
punto de vista de lo real es tan sólo tinta y material vegetal: la realidad es,
por lo tanto, una co-creación
mental que puede tener expresión
concreta o no, la cual es casi inconsciente en cuanto percepción,
manifestándose en la mente unas veces como algo egoico, otras como algo
altruista, etc., siendo, en general, el resultado de una cooperación espontánea
entre los seres para sobrevivir en el mundo.
Pero más allá de todo eso está LO REAL, integrado por la energía de la Creación, por la Hiperconciencia de
la Creación,
y que no está arriba ni abajo, ni en el cielo ni en la Tierra, sino que es Todo,
como materia, energía, Conciencia y Supraconciencia.
La muerte
no es, pues, la otra cara de la moneda de la vida: es, tan sólo su canto, el
canto de esa moneda infinita que puebla los espacios bajo la apariencia de
millones y millones de formas animadas.
Cuando digo que es tan sólo su canto, me refiero al canto de la moneda,
a su borde, porque eso que llamamos la muerte es tan sólo un trance, un pasaje
hacia otras dimensiones de la conciencia del alma. Sin embargo, nuestra existencia tampoco es la Vida, sino - más bien - como
lo expresara un poeta, es tan sólo una de las máscaras del Gran Rostro, una
pequeña sección de esa Gran Vida, de la única Vida que está siendo vivida, en el
aquí y ahora de la
Eternidad.
Para
despertar conciencia de todo lo aquí planteado deberíamos repetir internamente:
Yo soy un alma, una esencia humana que he encarnado y formado este cuerpo y
esta personalidad, sin excluir la mente y su función mecánica que consiste en
procesar la información que deriva de las impresiones, ¿el guante de marras?,
para aprender en y de este mundo, desarrollándome como conciencia
evolutiva. Por encima de mi, en cuanto
Esencia humana, me comunico con mi propio SER, con “mi Padre”, como lo llamaba
Jesús, y ese SER, mi real Ser interior profundo, la mónada de Leibniz,
representa el punto céntrico de conexión con la CREACION, con la TOTALIDAD, siendo, ese
mi SER Autoconsciente y una partícula, una parte viviente de esa gran Unidad
que llamamos Dios. Permanezcamos, pues,
atentos siempre.
Este enfoque
de eso que representa la muerte conlleva una gran reflexión, porque, como dijo
otro poeta, "a mi me gusta que me quieran y que me lo digan, pues al final
del camino, en cuanto personalidad, ya tendré suficiente silencio, después de
que cruce el umbral” ... así que la reflexión es, como lo reza el mensaje,
abracémonos y convivamos todos al calor de la amistad y del Amor ¡AQUÍ Y AHORA!
Miguel Paz Bonells, de El
Libro de La Vida
El alma y la personalidad.
Trabajadores de la Luz (material canalizado
síquicamente)
Los conceptos como ‘el alma’, ‘el ego’, ‘la
personalidad’, ‘el niño interior’ y ‘la conciencia’ se utilizan a menudo en
escritos esotéricos. Todos son parte importante de lo que constituye nuestra
humanidad. ¿Pero cómo se relacionan ellos entre sí y que significan para
nosotros en nuestra vida cotidiana? La psicología tradicional ofrece una
diversidad de modelos de la personalidad humana. Lo que usualmente está ausente
es la perspectiva espiritual. Desde mi punto de vista, en la base de la
perspectiva espiritual está la idea de que nosotros como seres humanos somos,
en parte, independientes del tiempo y del espacio, y que esta parte es crucial para
un entendimiento apropiado de quienes somos. Me refiero a esta parte como el
alma. No sólo tenemos un alma, que existe más allá del tiempo y del espacio,
esta alma se manifiesta dentro del tiempo y del espacio en mucho más de una
única vida humana: todos tenemos muchas vidas. N. del T.- Nosotros los seres humanos NO ”tenemos” alma:
somos almas encarnadas en un cuerpo
físico con una personalidad específica.
Yo creo que el concepto de la reencarnación es
vital para la perspectiva espiritual también.
En este artículo propongo un modelo psicológico
del ser humano desde una perspectiva espiritual y este modelo se basa en mi
experiencia como hipnoterapeuta y en mi intuición interna, a medida que ésta ha
evolucionado a lo largo de los años. Presentaré cada uno de los conceptos antes
mencionados y describiré lo que siento que son sus características
definitorias.
El Alma
Cuando percibimos el mundo que nos rodea con
nuestros sentidos, todo parece manifestarse a sí mismo dentro del tiempo y del
espacio. Cuando fui a la universidad hace unos 40 años a estudiar matemáticas,
física y astronomía, concebí el universo como un espacio infinito
fundamentalmente que contenía un número infinito de partículas. Sin embargo,
también creía en la existencia del alma humana y de la reencarnación. Y no
tenía claro cómo podía unir las leyes matemáticas fijas, causales del universo
físico con el mundo interior de la mente: la conciencia, la subjetividad, la
libertad. Para mí la teoría de la relatividad de Einstein fue una clave. Me
enseñó que a nivel de la luz, no existen ni el tiempo ni el espacio, porque
para la luz, solamente existe el eterno ahora. Para hacerlo más claro: si
miramos a una estrella distante, decimos que el viaje de la luz de esa estrella
a través del espacio para llegar a nosotros llevó muchos años. Pero en cuanto
al rayo de luz propiamente, por así decirlo, no experimentaríamos el tiempo ni
el espacio. Esto se debe a que al desplazarse a la velocidad de la luz, el
tiempo y el espacio colapsan. La luz no viaja dentro del tiempo y el espacio,
sino que configura nuestras propias percepciones del tiempo y el espacio.
La teoría de la relatividad ofrece el siguiente
panorama del universo. La luz es una forma de energía. Toda energía existe en
una condición sin tiempo ni espacio: el eterno ahora. Desde el nivel de energía
pura, emerge la materia y conjuntamente con la materia, el tiempo y el espacio.
Al igual que la luz en el universo físico es independiente del tiempo y del
espacio, también hay una parte de nosotros que es independiente del tiempo y
del espacio, independiente del cuerpo físico: esa parte es a lo que llamamos el
alma.
Lo que significa el alma exactamente, está fuera
de nuestra comprensión. Nuestro pensamiento se basa totalmente en la
clasificación de las cosas en tiempo y espacio. También, nuestro lenguaje queda
determinado por la distinción del pasado, presente y futuro. Pero el alma
trasciende el tiempo y el espacio. El alma es como una estrella con muchos
rayos. Y si uno de estos rayos toca nuestro mundo, nace un ser humano: una
encarnación del alma. Parte de la luz de esa estrella está en nosotros: esto es
lo bello y lo bueno en nosotros. A esto le llamamos nuestro yo superior,
nuestra luz interior. Eventualmente expresaremos esta hermosa luz en la Tierra
y enriqueceremos al mundo y a la humanidad con ella.
En cuanto comencemos a ser conscientes de esta
luz interior – nuestra alma – entraremos en un proceso de crecimiento. Tenemos
el sentimiento de que nos convertimos en más de nosotros mismos y a la vez, nos
sentimos conectados más profundamente con el mundo, con la vida a nuestro
alrededor y con el universo. La duda desaparece; gradualmente empezamos a
comprender quienes somos y que hay un lugar único para nosotros en el universo.
Entonces dejamos atrás el mundo de la oscuridad, la duda y el temor y
experimentamos la luz eterna en nuestro interior. Es el alma la que da sentido
a nuestras vidas.
Las personas a veces se preguntan cuál es el
objetivo, el sentido de la vida. Debido a la forma en que se nos enseña,
buscamos el propósito y el sentido fuera de nosotros mismos. Queremos lograr
algo en la vida, hacer una carrera, crear algo significativo, encontrar una
relación, o tener hijos. Pero el propósito verdadero de nuestras vidas es un
propósito interno: permitir que la luz de nuestra alma fluya a través de
nosotros completamente. Esta es la verdadera auto realización. Una vez que
logremos esto, ya no preguntaremos cuál es el propósito de nuestras vidas; la
búsqueda termina. Hay un conocimiento simple y obvio: hemos encontrado nuestro
lugar en el universo. El camino no está fuera de nosotros, sino en nosotros:
nosotros somos el camino. Al ser fieles a nosotros mismos, seguimos ese camino.
La Personalidad Terrenal
Al comienzo de nuestra vida humana, un rayo de
luz toca la Tierra. La energía atemporal de nuestra alma se funde con un
sinnúmero de otras energías y nace nuestra personalidad terrenal. Esa
personalidad es única para cada persona. En vidas anteriores, tuvimos un
temperamento, expectativas, temores diferentes, todo era diferente – excepto
nuestra alma. El núcleo más profundo es siempre el mismo, pero las energías a
su alrededor son diferentes. Como escribió el General Americano Patton en un
poema:
Como a través de un cristal, y oscuro
Veo la lucha interminable
En la cual luché con muchos disfraces
Muchos nombres, pero siempre yo.
Es el alma la que nos proporciona el sentido de
ser yo. Aun cuando participemos en una vida con una personalidad muy diferente,
un género diferente – a veces hasta con un cuerpo no humano – igualmente
podemos sentir que: ese era yo. Esto también se aplica a nuestra vida actual.
Párense frente a un espejo y piensen en su niñez. Su cara ha envejecido, sus
emociones y su conciencia han cambiado – pero aun así…..es ustedes. Sentimos
profundamente, en el núcleo de nuestro ser, una identidad, un Yo que siempre ha
estado aquí y que no cambia. Este Yo es independiente del tiempo y del espacio,
no envejece con el cuerpo – lo que sentimos es nuestra alma.
Nuestra personalidad terrenal se puede comparar
con un sistema solar: el núcleo – el sol – siempre es el mismo. Pero hay
planetas que rotan alrededor del sol, y los planetas cambian continuamente su
posición. La configuración de los planetas representa las energías que determinan
nuestra personalidad, diferente a la del propio sol. ¿Cuáles son esas otras
energías que determinan nuestra personalidad? Las principales son: nuestras
vidas pasadas, nuestros padres, nuestro cuerpo y constitución genética, la
sociedad en la que crecemos, la energía de la Tierra, y la energía de la
humanidad en su conjunto. Ahora detallaré cada una de estas influencias.
- Nuestras vidas pasadas
Para comenzar están nuestras vidas pasadas. Y de
esas vidas pasadas, la que es particularmente más importante es la vida que
antecedió directamente a nuestra vida actual, usualmente ésta tiene una
profunda influencia. La forma en que nuestras vidas pasadas nos afectan depende
de cuánto de ellas hayamos integrado o liberado. Después de cada vida, cuando
dejamos el cuerpo físico, comienza un proceso de crecimiento natural y hermoso.
Gradualmente nos liberamos de nuestra personalidad terrenal, con todos sus
temores, incertidumbres, hábitos y regresamos y nos reunimos con nuestra alma.
Experimentamos esto como un proceso de crecimiento, convirtiéndonos en más de
nosotros mismos. Nadie que supere sus temores dice: ‘ahora bien, he perdido
algo importante’. Es lo irreal en nosotros lo que soltamos, dándole entrada a
lo eterno. El temor da paso al amor, la ignorancia a la sabiduría. Tomamos de
nuestra vida anterior lo que nos ha hecho crecer en amor y sabiduría.
Sin embargo este proceso de crecimiento natural
y suave no ocurre siempre así. De hecho, muchas personas se aferran
obstinadamente a su personalidad terrenal después de su muerte. Su ambiente
astral en la vida futura reflejará su apego a la vida en la Tierra. Si tienen
creencias religiosas muy definidas con respecto al cielo, se encontrarán con
otras personas con las mismas creencias religiosas quienes tienen una visión
similar del cielo. Ellas pueden insistir en que están en el lugar correcto y
que cualquier impulso de dejarlo es incorrecto. De esta forma, se bloquea el
crecimiento natural. El resultado es que muchas personas creen que están en el
cielo, aunque se sientan inmensamente infelices ya que no escuchan las señales
de su alma. También, las personas pueden estar tan compenetradas con las
experiencias de su vida anterior que no pueden soltarlas.
El dolor, el trauma y la pérdida pueden haberlas
abrumado o alternativamente, pueden haber tenido mucho éxito y haber sido muy
felices y no están listos para liberar eso.
En resumen, para muchas personas, el proceso de
crecimiento de liberación e integración de su vida pasada no está – o al menos
no completamente – terminado cuando su alma entra a una nueva encarnación. Lo
que sucede entonces es que ellas experimentan su renacimiento como una especie
de cascada de luz que desciende del cielo a la Tierra que las absorbe. A veces
ellas se abren a esto, pero a menudo también hay resistencia. En mi práctica, a
veces encuentro esta resistencia a la vida en la Tierra cuando las personas
entran en un estado de trance y vuelven a visitar el comienzo de su vida.
Cuando les pregunto: “¿Cómo se sintieron al venir a la Tierra?”, ellas me
dicen: “Me resistí, no quería venir verdaderamente, pero tuve que hacerlo”. Esa
resistencia a la vida es a menudo el tema que persiste a lo largo de toda su
vida y es la causa que les impide ser felices para disfrutarla.
Si le pido a mis clientes que observen
cuidadosamente a quien pertenece esta resistencia - ¿quién se está resistiendo
a la vida?, entonces ellos usualmente se refieren a la personalidad que
tuvieron en su vida pasada más reciente. Yo trato de hacerlos sentir que
también hay una parte de ellos que quiso estar aquí ahora. Esta parte, de
hecho, representa al verdadero yo, a su alma. Cuando ellos se conectan con esta
parte y la sienten, se elimina la resistencia.
Pero aun cuando no haya resistencia a la vida en
alguien, si la personalidad de una vida pasada no fue capaz de conectarse y
reunirse con el alma durante el período intermedio antes de un nuevo
nacimiento, esta personalidad de esa vida pasada todavía vive en la
personalidad actual. Como no pudo encontrar su camino de regreso al alma, en la
vida presente también se interpondrá en el contacto con su alma.
N. del T:
NO, la personalidad no puede unirse con el alma, pues es un vehículo
existencial del alma… es el alma, la que se une con el espíritu, su Esencia,
cuando se auto-realiza, despertando